
ARCHIVO DE LA QUERELLA CONTRA “EL RETROVISOR” Y MOVIMIENTO TAXI
Antes de nada, recomiendo a cualquier taxista que lea este comunicado entero y no solo el principio ni cuatro frases sueltas, porque esto NO es simplemente un rifirrafe personal ni un capítulo de Falcon Crest de Xavier Aguilar.
De hecho, más adelante explico por qué esto es bastante más grave de lo que algunos creen y por qué especialmente los taxistas que están pagando una cuota dentro de la iguala jurídica deberían preocuparse seriamente por lo que ha quedado retratado aquí.
Porque el problema no es que a uno le caiga mejor o peor Xavier Aguilar. El problema es lo que demuestra jurídicamente todo esto sobre quién está tomando decisiones y cómo se están utilizando recursos pagados por taxistas.
Intentar vender ahora el archivo como si fuese una especie de empate moral es simplemente intentar salvar la imagen después de un ridículo jurídico mayúsculo.
Porque aquí no ha habido juicio. Y esto es MUY importante que la gente lo entienda bien.
No ha habido juicio. No se ha celebrado vista. No ha habido interrogatorios. No ha habido práctica de prueba. No ha habido un juez escuchando a las partes y luego diciendo “no se ha podido demostrar”.
No.
Es bastante peor para quien presentó la querella.
Lo que ha ocurrido es mucho más contundente: el juez ha visto aquello durante la fase previa y ha dicho básicamente “¿pero esto qué coño hace en la vía penal?”.
Y por eso lo ha archivado antes siquiera de llegar a juicio.
O sea, que no estamos hablando de que haya habido un juicio y lo haya perdido. Estamos hablando de que el asunto era tan flojo jurídicamente, tan absurdamente ajeno al Derecho penal, que el propio magistrado deja escrito que, a su entender, LA QUERELLA NI SIQUIERA DEBIÓ HABERSE ADMITIDO A TRÁMITE.
Sí, sí, lo que lees: que ni siquiera tenía que haberse admitido a trámite. O sea, un zasca jurídico en toda la boca que lo ha dejado medio muerto.
Y eso, además, implica indirectamente un tirón de orejas incluso a quien admitió inicialmente aquello en el juzgado. Porque el juez viene a decir literalmente: “¿cómo coño ha llegado esto siquiera aquí?”.
(Exactamente lo que algunos dijimos desde el primer día. Y exactamente lo mismo que yo le dije personalmente cuando también me amenazó con denunciarme a mí si no me retractaba de determinadas declaraciones. Mi respuesta fue muy clara: que no me retractaba ni de coña porque tenía plena certeza de lo que estaba diciendo y porque además sabía perfectamente que aquella amenaza no tenía ningún recorrido legal. Y de hecho terminó rajándose y aquella denuncia jamás llegó a presentarla.)
Es decir, el propio magistrado viene a decir que aquello era tan evidentemente ajeno al ámbito penal que no entiende ni cómo acabó entrando en un juzgado penal.
Y aquí viene lo verdaderamente preocupante.
Porque estamos hablando de alguien que no solo no supo diferenciar una crítica pública de un delito penal, sino que además decidió utilizar recursos de una iguala jurídica pagada por taxistas para sus propios berrinches personales.
Y eso es gravísimo.
Porque los taxistas pagan una iguala jurídica para defender al sector frente a problemas reales: VTCs, administraciones, recursos contenciosos, expedientes, normativa, sanciones, competencia desleal y procedimientos jurídicos complejos. No para que alguien, porque se le caliente la cabeza leyendo críticas en Facebook, se ponga a gastar denuncias de la iguala en guerras personales que un juez considera que ni siquiera debieron admitirse a trámite.
Y ojo, que aquí no estamos hablando de un error técnico complicado que pueda tener cualquier abogado. No. Estamos hablando de algo muchísimo más básico: no saber ni lo que es la libertad de expresión.
Porque cualquiera que tenga unos mínimos conocimientos jurídicos sabe perfectamente que en debates colectivos, asociativos o públicos existe un margen amplísimo para la crítica, incluso aunque moleste, incomode o sea dura.
Y precisamente eso es lo que dice el juez.
Pero es que además aquí hay otra cuestión importante que mucha gente del sector debería entender.
Y es que esto tampoco deja precisamente en buen lugar la supuesta “dirección jurídica” de todo esto. Porque sinceramente, cuesta muchísimo creer que un abogado no supiera perfectamente desde el primer minuto que semejante querella no tenía recorrido.
Lo que deja esto en evidencia es otra cosa muy distinta: que el abogado actúa simplemente como un muñeco jurídico. Un traductor al lenguaje jurídico y una firma formal de lo que otra persona quiere denunciar.
Es decir, quien decide las guerras personales, los objetivos y los berrinches es otro. El abogado simplemente coge esas rabietas personales, las convierte en un escrito con apariencia técnica y las firma.
Y eso es todavía más peligroso.
Porque al final tienes a una persona que no sabe distinguir entre libertad de expresión y delito penal utilizando una iguala jurídica como si fuese un arma personal, mientras alrededor hay un abogado actuando prácticamente como un muñeco formal incapaz de poner freno a semejante disparate.
Y sinceramente, eso debería preocupar bastante a cualquier taxista que esté pagando una cuota pensando que está financiando una estrategia jurídica seria.
Porque aquí no estamos hablando de una interpretación jurídica compleja ni discutible entre especialistas. Estamos hablando de algo elemental, básico y de primero de Derecho: entender que no todo lo que te molesta o te ofende constituye un delito.
Y precisamente eso es lo que el juez le ha venido a explicar de forma bastante contundente.
Por eso produce bastante preocupación ver a alguien que pretende liderar una “defensa jurídica del taxi” frente a multinacionales, bufetes especializados y administraciones públicas, pero que luego resulta que no distingue ni entre una crítica y un delito penal.
Porque entonces el problema ya no es solo el ridículo de esta querella concreta. El problema es la enorme falta de criterio que demuestra alguien que pretende dirigir batallas jurídicas muchísimo más complejas.
Y algunos esto ya lo dijimos desde el primer día.
Ahora intentan maquillar el fiasco diciendo que “el juez no ha dicho que las afirmaciones fueran falsas”. Claro que no. Porque el debate no era ese. El debate era si aquello era DELITO. Y el juez ha dicho que NO. Tan claro que incluso llega a cuestionar que la querella debiera haberse admitido.
Y ahora hablan de “la vía civil” como si eso cambiase algo.
Desde aquí le mando todos mis ánimos para que vuelva a gastar otra denuncia de la iguala jurídica de los taxistas en otro berrinche personal y vuelva a hacer el ridículo otra vez. De verdad. Adelante. Ningún problema.
Pero también me veo en la obligación de recordar algo que es de sentido común y que cualquier persona mínimamente seria entiende perfectamente: si cualquier crítica, cualquier comentario duro o cualquier cosa que a alguien no le guste fuese denunciable y diese derecho a sacar dinero, yo a estas alturas sería multimillonario.
He sido trending topic ocho veces. Me han puesto de todo durante años en redes sociales, vídeos, prensa digital, radios, periódicos y televisiones. He leído auténticas barbaridades sobre mí durante muchísimo tiempo.
Si todo eso fuese denunciable, media España estaría en la cárcel y yo estaría forrado desde hace años.
Pero resulta que vivimos en un país donde existe algo llamado libertad de expresión. Y precisamente por eso los jueces distinguen entre una crítica, incluso dura o desagradable, y un delito.
Algo que, por lo visto, algunos todavía no han conseguido entender.
Así que desde aquí le animo sinceramente a que siga adelante si cree que tiene razón. Que vuelva a gastar otra denuncia de la iguala en lugar de defender los intereses reales de los taxistas. Que vuelva a demostrar públicamente que sigue sin entender ni lo más básico, exactamente igual que ya ocurrió aquí.
Y además se lo vuelvo a decir igual de claro que entonces:
No hay huevos.
No tienes huevos de ir por lo civil.
Porque en el fondo sabes perfectamente lo mismo que ya te dije yo desde el principio: que aquello no tenía recorrido y que volverías a hacer el ridículo.
Pero oye, si quieres volver a demostrarlo públicamente otra vez, adelante.
Y después de todo esto, cada taxista sacará sus propias conclusiones sobre quién está realmente capacitado para diseñar y dirigir estrategias jurídicas serias en defensa del sector, y quién simplemente está utilizando una iguala jurídica como herramienta para guerras personales y berrinches impropios de alguien que pretende liderar batallas legales complejas.
Porque al final, cuando alguien ni siquiera sabe distinguir entre libertad de expresión y delito penal, lo preocupante ya no es solo el ridículo de esta querella concreta.
Lo verdaderamente preocupante es pensar qué puede ocurrir cuando esa misma falta de criterio se traslada a procedimientos muchísimo más complejos y trascendentes para el futuro del taxi.
Y ahí sí que conviene que los taxistas tomen muy buena nota.





